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James Weldon Johnson

James Weldon Johnson

James Weldon Johnson nació en Jacksonville, Florida, el 17 de junio de 1871. Después de obtener títulos de la Universidad de Atlanta y la Universidad de Columbia, trabajó como profesor en Jacksonville. Continuó sus estudios y después de leer leyes se convirtió en el primer afroamericano desde la Guerra Civil en ser admitido en el colegio de abogados de Florida.

Johnson también escribió poemas y en 1900 su hermano, John Rosamond Johnson, añadió música a Lift Every Voice and Sing. Fue un gran éxito y en 1901 los hermanos se mudaron a Nueva York y durante los años siguientes escribieron más de 200 canciones para musicales de Broadway.

El presidente Theodore Roosevelt lo nombró cónsul de Estados Unidos en Venezuela. Tres años más tarde se le asignó un puesto similar en Nicaragua (1909-14). En 1916 Johnson se convirtió en secretario ejecutivo de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP). Ocupó el cargo hasta 1929 cuando fue reemplazado como jefe de la NAACP por su protegido, Walter Francis White.

Johnson escribió una gran cantidad de libros, incluida una novela sobre un hombre negro de piel clara que se hace pasar por un hombre blanco, Autobiografía de un ex hombre de color (1912), Cincuenta años y otros poemas (1917), Trombones de Dios (1927), una historia afroamericana de Nueva York, Manhattan negro (1930), su autobiografía, A lo largo de esta manera (1933) y Poemas seleccionados (1935).

James Weldon Johnson murió en Wiscasset, Maine, el 26 de junio de 1938.


James Weldon Johnson

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James Weldon Johnson, (nacido el 17 de junio de 1871 en Jacksonville, Florida, EE. UU., fallecido el 26 de junio de 1938 en Wiscasset, Maine), poeta, diplomático y antólogo de la cultura negra.

Formado en música y otras materias por su madre, una maestra de escuela, Johnson se graduó de la Universidad de Atlanta con A.B. (1894) y Maestría (1904) y luego estudió en la Universidad de Columbia. Durante varios años fue director de la escuela secundaria negra en Jacksonville, Florida. Leyó derecho al mismo tiempo, fue admitido en el colegio de abogados de Florida en 1897 y comenzó a ejercer allí. Durante este período, él y su hermano, John Rosamond Johnson (1873-1954), un compositor, comenzaron a escribir canciones, incluida "Lift Every Voice and Sing", basada en el poema homónimo de James de 1900, que se convirtió en una especie de himno a muchos afroamericanos. En 1901 los dos fueron a Nueva York, donde escribieron unas 200 canciones para el escenario musical de Broadway.

En 1906 el presidente Theodore Roosevelt lo nombró cónsul de los Estados Unidos en Puerto Cabello, Venezuela, y en 1909 se convirtió en cónsul en Corinto, Nicaragua, donde sirvió hasta 1914. Más tarde enseñó en la Universidad Fisk. Mientras tanto, comenzó a escribir una novela, La autobiografía de un ex hombre de color (publicado de forma anónima, 1912), que atrajo poca atención hasta que fue reeditado bajo su propio nombre en 1927. Desde 1916 Johnson fue líder de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP).

Cincuenta años y otros poemas (1917) fue seguido por su pionera antología Libro de poesía negra americana (1922) y libros de Espirituales negros americanos (1925, 1926), colaboraciones con su hermano. Su obra más conocida, Trombones de Dios (1927), un grupo de sermones en dialecto negro en verso, incluye "La creación" y "Ve por la muerte". Las introducciones de Johnson a sus antologías contienen algunas de las evaluaciones más perspicaces jamás realizadas sobre las contribuciones de los negros a la cultura estadounidense. A lo largo de este camino (1933) es una autobiografía.


Johnson nació en Jacksonville, Florida, el 17 de junio de 1871. A temprana edad, Johnson mostró un gran interés por la lectura y la música. Se graduó de la Stanton School a la edad de 16 años.

Mientras asistía a la Universidad de Atlanta, Johnson perfeccionó sus habilidades como orador público, escritor y educador. Johnson enseñó durante dos veranos en una zona rural de Georgia mientras asistía a la universidad. Estas experiencias de verano ayudaron a Johnson a darse cuenta de cómo la pobreza y el racismo afectaban a muchos afroamericanos. Johnson se graduó en 1894 a la edad de 23 años y regresó a Jacksonville para convertirse en director de la Escuela Stanton.


Múltiples idiomas

Admirado por su enfoque capaz, juicioso y creativo del liderazgo en una era manchada por formas virulentas de racismo, Johnson, que habla español y francés con fluidez, fue el primer afroamericano en servir como cónsul de los Estados Unidos en Venezuela y Nicaragua.

Después de su período de servicio en el cuerpo consular, en 1915 Johnson se unió al personal de la NAACP. Ascendiendo rápidamente en los rangos de liderazgo, un año después se convirtió en el primer afroamericano en servir como secretario de campo y luego como secretario ejecutivo de la NAACP. Como secretario ejecutivo de la NAACP, Johnson organizó en Manhattan la histórica Marcha Silenciosa de 1917 (arriba) para protestar por el crimen nacional de linchamiento.

Durante su mandato como secretario ejecutivo de la NAACP, Johnson también dirigió una campaña nacional contra el linchamiento que obtuvo un apoyo significativo del Congreso en la forma del Proyecto de Ley Dyer Anti-Linchamiento de 1921, un proyecto de ley que habría convertido el linchamiento en un crimen nacional, pero fracasó. para convertirse en ley por insuficiencia de votos en el Senado.

Otros logros importantes durante el mandato de Johnson & # 8217 como jefe de la NAACP incluyen la exposición de la brutalidad de los marines durante la ocupación de Haití por parte de Estados Unidos y # 8217, y la campaña nacional para apoyar a los Mártires de Houston: los soldados de la 24.a infantería de los EE. UU. Condenados a muerte o cadena perpetua por el levantamiento de 1917 en Houston, Texas.


Perfil: JAMES WELDON JOHNSON (1871-1938)

James Weldon Johnson, compositor, diplomático, crítico social y activista de los derechos civiles, nació de padres inmigrantes bahameños en Jacksonville, Florida el 17 de junio de 1871. Su padre James, un camarero, y su madre Helen, le inculcaron el valor de la educación. , maestro, Johnson se destacó en la Escuela Stanton en Jacksonville. En 1889 ingresó en la Universidad de Atlanta en Georgia y se graduó en 1894.

En 1896, Johnson comenzó a estudiar derecho en el despacho de abogados de Thomas Ledwith en Jacksonville, Florida. En 1898, Ledwith consideró que Johnson estaba listo para tomar el examen de la barra de Florida. Después de un extenuante examen de dos horas, Johnson recibió un pase y fue admitido en el bar. Un examinador expresó su angustia al salir corriendo de la habitación y decir: "Bueno, no puedo olvidar que es un negro y que me condenen si me quedo aquí para verlo admitido". En 1898, Johnson se convirtió en uno de los pocos abogados negros del estado.

Johnson, sin embargo, no ejerció la abogacía. En cambio, se convirtió en director de la Escuela Stanton en Jacksonville, donde mejoró el plan de estudios y también agregó los grados noveno y décimo. Johnson también inició el primer periódico negro, el Americano diario, en Jacksonville. Con su hermano Rosamond, que se había formado en el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra en Massachusetts, los intereses de Johnson se centraron en la composición de canciones para Broadway.

Rosamond y James emigraron a Nueva York en 1902 y pronto ganaban más de doce mil dólares al año vendiendo sus canciones a artistas de Broadway. En un viaje de regreso a Florida en 1900, se les pidió a los hermanos que escribieran una canción de celebración en honor al cumpleaños de Abraham Lincoln. El producto, un poema con música, se convirtió en "Levanta cada voz y canta", ahora conocido como el Himno Nacional Negro.

En 1906, Johnson se convirtió en cónsul de Estados Unidos en Puerto Cabello en Venezuela. Mientras estaba en el servicio exterior, conoció a su futura esposa, Grace Nail, la hija del influyente especulador negro de bienes raíces de la ciudad de Nueva York, John E. Nail. El primer año de la pareja lo pasó en Corinto, Nicaragua, el puesto diplomático de Johnson.

Mientras estaba en el servicio diplomático, Johnson había comenzado a escribir su obra literaria más famosa, La autobiografía de un ex hombre de color. Esta novela, publicada en 1912, se convirtió en una obra destacada durante el Renacimiento de Harlem de la década de 1920. En 1914, Johnson se convirtió en editor de la Edad de Nueva York. Pronto ganó notoriedad cuando W.E.B. DuBois publicó la crítica de Johnson a D.W. Griffith El nacimiento de una nación en la publicación de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) La crisis. Johnson fue miembro de Sigma Pi Phi Fraternity y Phi Beta Sigma Fraternity.

En 1916, Johnson se convirtió en secretario de campo de la NAACP y aumentó drásticamente la membresía de la NAACP y el número de sucursales. En 1917, organizó la famosa “Marcha Silenciosa” por la Quinta Avenida para protestar contra la violencia racial y los linchamientos. La marcha, que contó con aproximadamente diez mil participantes, fue la protesta más grande organizada por afroamericanos hasta ese momento. La participación de Johnson en la campaña contra el linchamiento continuó durante las siguientes dos décadas.

Aunque era un líder de derechos civiles reconocido a nivel nacional, Johnson continuó escribiendo y criticando poesía en una columna para el Edad de Nueva York. Su columna "Poetry Corner", publicada en 1922 como El libro de poesía negra americana, se convirtió en una contribución importante al renacimiento de Harlem emergente, particularmente debido a su inclusión de "If We Must Die" de Claude McKay. Las otras contribuciones de Johnson a Harlem Renaissance incluyeron El libro de los espirituales negros estadounidenses (1925), Trombones de Dios (1927) y Siete sermones negros en versículo (1927).

En 1930, Johnson publicó Black Manhattan, una historia social de la Nueva York negray tres años después (en 1933) su autobiografía, A lo largo de este camino, apareció.

Johnson renunció a la NAACP en 1930 y aceptó un puesto en la facultad de escritura creativa y literatura en la Universidad de Fisk. Mantuvo una vida activa enseñando y hablando en público hasta que murió en un accidente automovilístico el 26 de junio de 1938, mientras estaba de vacaciones en Wiscasset, Maine. Tenía 67 años en el momento de su muerte.


Oda de James Weldon Johnson al "río profundo" de la historia estadounidense

Las marchas y las turbas en Washington, DC, han estado mucho en la mente de los estadounidenses últimamente. Lo mismo ocurrió con James Weldon Johnson en 1930, cuando el antiguo secretario de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color elaboró ​​el poema & ldquoSt. Peter relata un incidente del día de la resurrección. & Rdquo Publicado por primera vez ese año en una impresión privada de solo 200 copias y luego en 1935 para una audiencia más amplia, la notable creación de Johnson & rsquos de seis páginas justifica nuestra lectura ahora mientras el FBI persigue a cientos de insurrectos del Disturbios en el Capitolio el 6 de enero. El poema de Johnson & rsquos también proporciona una base histórica vigorizante mientras el Congreso prepara una comisión para investigar cómo el ex presidente Donald Trump y muchos otros elementos del gobierno y la sociedad conspiraron para crear la mafia que amenazaba la vida de nuestra democracia.

Johnson se basó en toda una vida de trabajo político y literario para llegar a su inspiración para el poema. Nacido en 1871, era un nativo de Jacksonville, Florida, con una buena educación en las escuelas primarias y secundarias antes de asistir a la Universidad de Atlanta a principios de la década de 1890. Para la Primera Guerra Mundial, Johnson se había establecido como uno de los grandes eruditos afroamericanos de nuestra historia. Fue letrista musical en los inicios de Broadway con su hermano J. Rosamond Johnson, compuso & ldquoLift Every Voice and Sing & rdquo, también conocido como Black National Anthem. Fue diplomático en el servicio exterior de Estados Unidos en América Latina, un novelista y poeta brillante, un excelente ensayista de periódicos, un intermediario literario principal de lo que hemos llegado a llamar el Renacimiento de Harlem y la fuerza organizativa detrás de la NAACP.

Johnson conocía profundamente la humillación y la destrucción social y mdash así como la resiliencia de la comunidad y mdash reforzada por el sistema Jim Crow. En 1919 y 1920, fue el principal activista y cabildero de la NAACP & rsquos para un proyecto de ley contra los linchamientos ante el Congreso. El fracaso final del proyecto de ley contra los linchamientos de Dyer en el Senado en 1922, después de ser aprobado en la Cámara, no se debió a la falta de un esfuerzo heroico por parte de Johnson y su equipo. La obscenidad estadounidense de los linchamientos infestaba la imaginación artística y moral de Johnson & rsquos, fomentando una especie de patriotismo radical inspirado en la promesa de la emancipación.

Su poema & ldquoFifty Years & rdquo, publicado en la página uno de los New York Times el 1 de enero de 1913, conmemoró medio siglo de libertad de los negros y sigue siendo una de las declaraciones más convincentes de la primogenitura afroamericana jamás imaginada:

Porque nunca dejes que el pensamiento surja
Que estamos aquí por pura tolerancia
Parias, asilo y rsquoneath estos cielos,
Y extraterrestres sin parte ni parte.

Esta tierra es nuestra por derecho de nacimiento,
Esta tierra es nuestra por derecho a trabajar
Ayudamos a transformar su tierra virgen,
Nuestro sudor está en su fértil suelo.

Johnson fue además uno de los principales organizadores de la Marcha de protesta silenciosa contra el linchamiento, patrocinada por la NAACP, en 1917, que llenó la Quinta Avenida de Nueva York con 10,000 negros pacíficos y disciplinados en un evento como nadie había visto nunca.


Colección conmemorativa de James Weldon Johnson

La Colección Conmemorativa James Weldon Johnson (JWJ) documenta y celebra los logros culturales y artísticos y las actividades intelectuales y políticas de los afroamericanos.

La Colección JWJ, fundada en 1941, es un archivo clave de la historia y la cultura afroamericana. Con más de 13.000 volúmenes y cientos de pies lineales de material manuscrito, es una de las colecciones más consultadas de la Biblioteca de Yale. Manuscritos representativos sugieren la riqueza de la colección: Richard Wright's Hijo nativo De Zora Neale Hurston Sus ojos miraban a Dios WEB. Tesis de Harvard de Du Bois, "El renacimiento de la ética" (que contiene anotaciones de William James) James Weldon Johnson Autobiografía de un ex hombre de color y trombones de Dios y de Langston Hughes El blues cansado. Ejemplos de la abundante correspondencia incluyen cartas entre Owen Dodson y Adam Clayton Powell Joel Spingarn y W.E.B. Du Bois y Georgia Douglas Johnson y William Stanley Braithewaite. La correspondencia de James Weldon Johnson y Walter White documenta la historia temprana de la N.A.A.C.P. También están presentes manuscritos musicales de W.C. Handy y Thomas “Fats” Waller, entre otros.

La colección fue establecida por Carl Van Vechten para honrar la extraordinaria vida de su buen amigo, el autor, profesor, abogado, diplomático, poeta, compositor y activista de los derechos civiles James Weldon Johnson. Bernhard Knollenberg, el bibliotecario jefe de Yale, se acercó a Van Vechten y le dijo: "No tenemos ningún libro negro". Estas fueron, recordó Van Vechten, “precisamente las palabras adecuadas para convencerme de que Yale era el lugar” para regalar su archivo y biblioteca personal, una colección relativamente pequeña pero significativa que reflejaba su permanente interés y compromiso con la gente negra y la cultura negra. Después del obsequio de Van Vechten, la viuda de Johnson, Grace Nail Johnson, contribuyó con los papeles de su difunto esposo, liderando el camino para obsequios de papeles de Langston Hughes, W.E.B. DuBois, Walter White y Poppy Cannon White, Dorothy Peterson, Harold Jackman y Chester Himes. La colección también contiene los artículos de Richard Wright y Jean Toomer, así como grupos de manuscritos o correspondencia de escritores como Arna Bontemps, Countee Cullen, Zora Neale Hurston, Claude McKay y Wallace Thurman.

La Colección JWJ también contiene un extenso material visual. Carl Van Vechten fotografió a cientos de sus amigos, incluidas todas las personas mencionadas anteriormente, así como a Alvin Ailey, Marian Anderson, Pearl Bailey, Josephine Baker, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Eartha Kitt, Arthur Mitchell, Paul Robeson, Margaret Walker y Ethel Waters. , para dar solo una muestra. Estas fotografías, junto con las recopiladas por Langston Hughes y Richard Wright, comprenden un importante registro visual de artistas, escritores, actores, músicos y políticos activos en los Estados Unidos desde la década de 1920 hasta la de 1950. Escultura de Richmond Barthé, Augusta Savage y Leslie Bolling, dibujos de Mary Bell, un retrato de la cabeza de Ethel Waters de Antonio Salemme, así como medallas conmemorativas y grabados se encuentran entre las muchas obras de arte de la colección. Adquirida en la década de 1990, la colección de fotografías de Randolph Linsly Simpson de y por afroamericanos contiene casi 3.000 fotografías de afroamericanos y abarca la historia de la fotografía, desde daguerrotipos y tarjetas de gabinete hasta postales fotográficas e instantáneas.

Se están realizando adquisiciones sólidas. Las adiciones recientes incluyen los archivos de la educadora, sufragista y activista contra los linchamientos Ellen Barksdale-Brown, el archivo literario del dramaturgo y director Lloyd Richards, quien se desempeñó como decano de la Escuela de Drama de Yale y es recordado como el director de Broadway de 1959. producción de Lorraine Hansberry's Una pasa al sol y colaborador clave de August Wilson: los artículos de Dorothy Porter Wesley, la bibliotecaria pionera de la colección Moorland-Spingarn de la Universidad de Howard, varios grandes grupos de cartas de James Baldwin y los registros de la fundación de la institución de poesía afroamericana Cave Canem. La colección continúa creciendo más allá del material impreso tradicional con adquisiciones en turismo negro, cultura de la belleza y efímeras cinematográficas.

Otras lecturas

Lea la extensa historia de Bernard & # 8217 sobre la fundación de la Colección Conmemorativa James Weldon Johnson en su libro de 2013 Carl Van Vechten y el Renacimiento de Harlem.


James Weldon Johnson - Historia

Los marines estadounidenses ocuparon Haití de 1915 a 1934. En 1919, el haitiano Carlomagno P & eacuteralte había organizado más de mil cacos, o guerrillas armadas, para oponerse militarmente a la ocupación marítima. Los marines respondieron a la resistencia con una campaña de contrainsurgencia que arrasó aldeas, mató a miles de haitianos y destruyó los medios de subsistencia de muchos más. Organizaciones estadounidenses como la NAACP se opusieron a la ocupación estadounidense de Haití. Enviaron delegaciones que investigaron las condiciones y protestaron por el racismo flagrante y el imperialismo de la política estadounidense en Haití a principios del siglo XX. Un artículo de 1920, del líder de la NAACP, James Weldon Johnson, contrarrestó las justificaciones estándar para la ocupación estadounidense de Haití.

Al escribir sobre mi visita a Haití para Crisis lectores, quisiera contarles todo lo que aprendí sobre las condiciones políticas, económicas y sociales allí, y darles, además, la información e impresiones que obtuve sobre el país y el propio pueblo haitiano. Esto, por supuesto, no será posible, ya que cualquiera de estas fases del tema, tratada en su totalidad, haría un artículo completo. He decidido que algo sobre cada fase será más interesante y más completo que todo sobre una. Por lo tanto, lo que digo será necesariamente bastante esquemático.

El trasfondo histórico

Me gustaría que el lector, en primer lugar, echara un vistazo rápido a los antecedentes históricos y culturales del pueblo haitiano. Para comprender plenamente las condiciones presentes y reales, es necesario estar familiarizado con el hecho de que el pueblo haitiano tiene una historia gloriosa detrás de él. Haití fue la primera de las repúblicas americanas, después de Estados Unidos, en obtener su independencia. La historia de la guerra por la independencia de Haití es uno de los capítulos más emocionantes de la historia del mundo. Si uno lee solo lo que han escrito historiadores extranjeros, se gana la idea de que la lucha haitiana no fue más que la masacre de blancos superados en número por hordas de negros semisalvajes. Hubo masacre y salvajismo, pero fue de ambos lados. Pero la guerra en sí fue una que sufrió muy poco en magnitud en comparación con la Revolución Americana. Hubo momentos en que las tropas francesas y las tropas haitianas se enfrentaron, sumaron más de 80.000 hombres. Las tropas francesas fueron las mejores que pudo enviar Napoleón. Las tropas haitianas no eran una banda de guerrilleros sin ley, sino que estaban bien instruidas y bien instruidas. Hubo batallas en las que estas tropas provocaron la admiración de los franceses por su valor, y de sus comandantes, por su capacidad militar y valentía.

También debe tenerse en cuenta que la Revolución Haitiana no fue simplemente una revolución política. También fue una revolución social. Se produjo un vuelco total de la organización política y social del país. El hombre que había sido el mueble se convirtió en gobernante. Las grandes propiedades de los esclavistas coloniales se dividieron en pequeñas parcelas y se repartieron entre los antiguos esclavos. Este último hecho tiene una relación directa con la situación actual de Haití, a la que me referiré más adelante.

Haití obtuvo su independencia hace 116 años y mantuvo su soberanía completa hasta 1915, año de la intervención estadounidense. Ninguna de las repúblicas latinoamericanas tuvo las dificultades para mantener su independencia que encontró Haití. La República Negra no recibió de Estados Unidos el apoyo que tenía derecho a esperar. Haití había luchado contra Francia, Inglaterra y España, pero Estados Unidos fue la última de todas las naciones fuertes en reconocer su independencia, cuando, de hecho, debería haber sido la primera.

Incluso los estadounidenses inteligentes de color tienden a sentirse indulgentes o avergonzados por el tema de la historia de Haití. Sin duda, muchos de ellos han sonreído o se han sentido avergonzados por la historia generalmente aceptada sobre el rey Christophe en su palacio en Sans Souci y su corte de duques y condes. La imagen popular de la corte de Christophe es la de un semi-salvaje jugando ridículamente al rey, rodeado de una nobleza que tomó sus títulos de los nombres de las cosas que más les gustaba comer y beber. Christophe era un hombre extraordinario y un gobernante de gran inteligencia y energía. Se declaró rey porque sintió que la mayor parte de lo que se podría lograr para Haití bajo la forma de gobierno más fuerte posible. Bajo su dirección, la parte norte de Haití experimentó un gran desarrollo. Visité el palacio de Christophe & # 8217 en Sans Souci. Ha caído en ruinas, pero aún queda suficiente para mostrar que efectivamente fue un palacio. Los edificios y los terrenos se copiaron después del palacio de Versalles y fueron construidos por los mejores arquitectos y constructores europeos. No hay duda de que cuando se erigió, era la residencia más palaciega del hemisferio occidental.

Pero un testimonio aún más maravilloso de la energía y la grandeza de Christophe es la ciudadela que construyó con la idea de que sería el último bastión contra los franceses si intentaban reconquistar Haití. Construyó esta ciudadela en la cima de una montaña de más de tres mil pies de altura, que se elevaba por encima de su palacio en Sans Souci, y dominaba las fértiles llanuras del norte de Haití, que se extienden por millas. Hice el viaje a la ciudadela. El viaje requiere más de dos horas a caballo por un sendero montañoso estrecho y escarpado. Después de haber cabalgado durante una hora y media, llegué a un giro repentino en el camino y obtuve la primera vista de la estructura. La vista fue asombrosa. Fue asombroso. Apenas podía creer lo que veían mis propios ojos. Allí, desde el pináculo de la montaña, se elevaban los macizos muros de ladrillo macizo y piedra a una altura de más de cien pies. En tres lados de la ciudadela, los muros son escarpados con los lados de la montaña. El camino se acerca al otro lado.

Este camino, Christophe había comandado por cincuenta cañones de latón macizo, cada uno de unos diez metros de largo. Nadie parece saber cómo llevó estas armas a la cima de la montaña. El gobierno haitiano ha tenido ofertas para ellos como metal, pero nadie parece saber cómo bajarlos. Levantarlos fue un logro sobrehumano, ya que no es fácil llegar a la ciudadela con una canasta común de almuerzo. Pasé más de dos horas recorriendo esta vasta fortaleza sin detenerme un momento, y cuanto más la veía, más me maravillaba, no sólo la ejecución, sino la mera concepción de tal obra. En muchos lugares, las paredes tienen un grosor de dos a tres metros y medio. Puede hacerse una idea de su tamaño por el hecho de que fue construido para un cuarto de 30.000 soldados. Es la ruina más maravillosa del hemisferio occidental y, por la cantidad de energía humana y trabajo sacrificado, puede compararse con las pirámides de Egipto. Mientras estaba en el punto más alto, donde la caída de las paredes era de más de 2,000 pies, y miraba hacia las ricas llanuras del norte de Haití, me impresionó la idea de que si alguna vez un hombre tenía derecho a sentirse un rey, ese hombre era Christophe cuando caminaba alrededor de los parapetos de su ciudadela.

Es un pueblo de sangre negra, que ha producido un Christophe y un Dessalines, que ha dado al mundo uno de sus más grandes estadistas, Toussaint L & # 8217Ouverture, que tiene tras ellos una historia de la que tienen todo el derecho de estar orgullosos. que ahora están amenazados con la pérdida de su independencia que ahora han caído no solo bajo el dominio político estadounidense, sino también bajo el dominio de los prejuicios estadounidenses. Haití está gobernado hoy por la ley marcial impartida por los estadounidenses. Hay casi tres mil infantes de marina estadounidenses en Haití, y sus bayonetas mantienen el control estadounidense. En los cinco años de ocupación estadounidense, más de tres mil haitianos inocentes han sido masacrados.

Hay tres motivos por los que se intenta justificar la intervención estadounidense y la ocupación militar de Haití. La primera es que se había alcanzado un estado de anarquía y derramamiento de sangre tal que el mundo civilizado ya no podía tolerar; la segunda, que los haitianos han demostrado una absoluta incapacidad para gobernarse a sí mismos y, la tercera, que los grandes beneficios han sido traídos a Haití por Control americano.

En cuanto a la primera: el gobierno de los Estados Unidos ha querido hacer parecer que se vio obligado por motivos puramente humanos a intervenir en Haití debido al trágico derrocamiento y muerte del presidente Vilbrun Guillaume, el 27 de julio de 1915, y que este gobierno Se ha visto obligado a mantener una fuerza militar en Haití desde ese momento para pacificar el país y mantener el orden. El hecho es que durante casi un año antes de la Golpe de Estado y Eacutetat que derrocó a Guillaume, Estados Unidos había estado presionando a Haití para obligar a ese país a someterse al control estadounidense. Tres misiones diferentes han realizado tres intentos diplomáticos. Fue en mayo de 1915 cuando se realizó el tercer intento. Estados Unidos envió a Haití al Sr.Paul Fuller, Jr., con el título & # 8220Envoy Extraordinary & # 8221, en una misión especial para informar al gobierno haitiano que la Administración Guillaume no sería reconocida por Estados Unidos a menos que Haití aceptara firmar. un pacto similar al que este país tenía con Santo Domingo. Los dos gobiernos estaban intercambiando puntos de vista sobre esta propuesta cuando ocurrieron los eventos del 27 de julio & # 82118.

El 27 de julio, el presidente Guillaume huyó a la legación francesa. El mismo día fueron ejecutados los presos políticos de la prisión de Puerto Príncipe. A la mañana siguiente, Guillaume fue asesinado, y esa tarde, un barco de guerra estadounidense echó anclas en Puerto Príncipe y desembarcó fuerzas estadounidenses. Inmediatamente después del asesinato de Guillaume, Puerto Príncipe estaba tan tranquilo como si nada hubiera pasado, y debe tenerse en cuenta que a pesar de todo, la vida de ningún ciudadano estadounidense había sido arrebatada o puesta en peligro. El derrocamiento de Guillaume y sus consiguientes consecuencias no constituyeron la causa de la intervención estadounidense en Haití, simplemente brindó una oportunidad que este gobierno estaba esperando. Nunca ha habido motivos de intervención en Haití como los ha habido en México.

La incapacidad del pueblo haitiano para gobernarse a sí mismo ha sido objeto de propaganda durante el último siglo. Se han escrito libros, folletos y artículos, y se han dado conferencias muchas veces para demostrar que los haitianos no solo eran incapaces de avanzar, sino que retrocedían constantemente hacia la barbarie. Una observación de la ciudad de Puerto Príncipe es suficiente para refutar esta afirmación que se hace a menudo. Puerto Príncipe es una ciudad limpia, bien pavimentada y bien iluminada. Sus edificios comerciales más nuevos están construidos con hormigón y ladrillo. Las chozas de madera que se ven tan a menudo en revistas y libros que ilustran la sección comercial de la ciudad son reliquias de la antigua r & eacutegime francesa. La sección residencial de Puerto Príncipe está construida en las laderas de las colinas que se elevan detrás de la ciudad. Las casas de las personas acomodadas son hermosas villas con terrenos bien cuidados, y hay cientos de ellas.

Esta sección de Puerto Príncipe es superior a la sección residencial en cualquiera de las ciudades de las repúblicas centroamericanas. De hecho, Puerto Príncipe es una de las ciudades tropicales más hermosas que he visto. Haití ha sido independiente durante más de un siglo y si la gente hubiera retrocedido constantemente hacia la barbarie durante todo ese tiempo, Puerto Príncipe hoy sería una agregación de inmundicia y decadencia en lugar de la ciudad que es. En Puerto Príncipe uno se encontrará con estadounidenses que, en respuesta a la exclamación, & # 8220 ¡Por qué me sorprende ver qué hermosa ciudad es Puerto Príncipe! & # 8221 responderán, & # 8220 Sí, pero usted debería Lo he visto antes de la Ocupación. & # 8221 La implicación aquí es que la Ocupación estadounidense es responsable de hacer de Puerto Príncipe una ciudad pavimentada y bien cuidada. Es cierto que sólo una o dos de las principales calles de Puerto Príncipe estaban pavimentadas en el momento de la intervención & # 8212hace cinco años & # 8212, pero las obras ya habían comenzado y los contratos para pavimentar toda la ciudad ya habían sido alquilados. el Gobierno de Haití. La ocupación estadounidense no pavimentó y no tuvo nada que ver con la pavimentación de una sola calle en Puerto Príncipe. Las regulaciones instituidas por el oficial de salud estadounidense pueden tener algo que ver con la regularidad con la que se barren las calles, pero mi observación me mostró que los haitianos tienen un & # 8220 hábito de barrer & # 8221 que debieron haber adquirido muchos años antes de la ocupación estadounidense. .

Hice un viaje de cinco días por el interior, viajando día y noche en automóvil. Me di cuenta de que en las primeras horas de la mañana, cuando pasaba cabaña tras cabaña en los distritos rurales, las mujeres barrían cuidadosamente los patios hasta que estaban tan limpios como el piso. De hecho, en ninguna parte de los distritos rurales de Haití vi la inmundicia y la miseria que se puede observar en cualquier pueblo de los bosques de nuestro propio sur.

Las ciudades más pequeñas de Haití son réplicas de Puerto Príncipe. Sea lo que sea que los haitianos no sean, son un pueblo limpio. Muchos pueden estar vestidos con harapos y andrajos, pero los andrajos y andrajos se lavan periódicamente. Un haitiano sucio es una rara excepción. Sobre este punto, recuerdo una observación hecha por un estadounidense blanco que dirige uno de los negocios mercantiles más grandes de Haití. Me estaba hablando de la limpieza de los haitianos y me hizo una observación que me impactó bastante. Me mostró estadísticas para demostrar que Haití importa más jabón per cápita que cualquier otro país del mundo. Me dijo que tres de los mayores fabricantes de jabón de Estados Unidos tienen su sede en Puerto Príncipe.

Otro punto de la propaganda que se ha difundido durante tanto tiempo para demostrar la incapacidad de los haitianos es la afirmación de que la gente es congénita y habitualmente holgazana. Not long ago I saw a magazine article on Haiti, and one of the illustrations was a picture of a Haitian man lying asleep in the sun, and under it was the title “the Favorite Attitude of Haiti’s Citizens.” I would wager that the photographer either had to pay or persuade his subject to pose especially for him, because in all of my six weeks in Port-au-Prince, I never saw anybody lying around in the sun asleep. On the contrary, the Haitians are quite a thrifty people. What deceives some observers is the fact that their methods are primitive. The mistake is often made of confounding primitive methods with indolence. Anyone who travels the roads of Haiti will be struck by the sight of scores and hundreds and even thousands of women, boys and girls filing along, mile after mile, with the produce of their farms and gardens on their heads, or loaded on the backs of animals, to dispose of them in the markets of the towns. I do not see how anyone could accuse such people of being lazy. Of course, they might market their stuff more efficiently if they had automobile trucks they have no automobile trucks, but they are willing to walk. For a woman to walk eight or ten miles with a bundle of produce on her head which may barely realize her a dollar is, undoubtedly, a wasteful expenditure of energy, but it is not a sign of laziness.

The Haitian people have also been accused of being ignorant and degraded. They are not degraded. I had ample opportunity to study the people of the cities, and the people of the country districts, and I found them uniformly kind, courteous and hospitable, living in a simple and wholesome manner. The absence of crime in Haiti is remarkable, and the morality of the people is strikingly high. Port-au-Prince is a city of more than 100,000, but there is no sign of the prostitution that is so flagrant in many Latin-American cities. I was there for six weeks and in all that time, not a single case of a man being accosted by a woman on the street came to my attention. I heard even from the lips of American Marines tributes to the chastity of the Haitian women.

The charge that the Haitians are ignorant is only partly true. They are naturally quick witted and have lively imaginations. The truth, however, is that the great mass of the Haitian people are illiterate. They are perhaps more illiterate than the people of any Latin-American country, but there is a specific reason for this. For a reason which I cannot explain, the French language in the French-American colonial settlements containing a Negro population divided itself into two branches—French and Creole. This is true of Louisiana, Martinique and Guadeloupe, and also of Haiti. The Creole is an Africanized French, and must not be thought of as a mere dialect. The French-speaking person cannot, with the exception of some words, understand Creole unless he learns it. Creole is a distinct language, a graphic and very expressive language, and in some respects, is, for Haiti, a language superior to French.

The upper Haitian classes, say approximately 500,000, speak French, while the masses, probably 2,000,000, speak Creole, and though Haitian Creole is grammatically constructed, it has not been generally, reduced to writing. Therefore, these 2,000,000 people have no way of communication through the written word. They have no books to read. They cannot read the newspapers. They cannot communicate with each other by writing. The children of the masses study French the few years they spend in school, but French never becomes their every-day language. In order for Haiti to abolish illiteracy and thereby reduce the ignorance of her masses, Creole must be made a written, as well as a spoken language for I feel that it is destined to remain the folk language of the country. This offers a fascinating task for the Haitian intellectuals. Before I left, I talked with a group of them concerning it.

I had the opportunity of being received into the homes of the cultured and wealthy people of Port-au-Prince, to attend several of their social affairs and to visit the clubs. Even the most prejudiced writers of Haiti have had to make an exception of this class of Haitians, for they compel it. The majority have been educated in France. They have money. They live in beautiful houses. They are brilliant in conversation and know how to conduct themselves socially. The women dress in fine taste, many of them importing their gowns directly from Paris. Refined people from no part of the world would feel themselves out of place in the best Haitian society. Many of these women are beautiful and all of them vivacious and chic. I was deeply impressed with the women of Haiti, not only the society women, but the peasant women. I should like to give my impressions, but space will not allow.

The third ground offered as justification is that great benefits have been brought to Haiti by American control. I made an honest effort to find out what things the Americans have done for the benefit of Haiti, during the five years of Occupation. I found that only three things could be advanced, and they were: The Improvement of the public hospital at Port-au-Prince enforcement of rules of modern sanitation and the building of the great road from Port-au-Prince to Cape Haitian. The improvement in the hospital is a worthy piece of work but cannot be made to justify military occupation. The enforcement of certain rules of sanitation is not quite so important as it sounds, for the reason that Haiti, under native rule, has always been a healthy country and never subject to the epidemics which used to sweep the countries circling the Gulf of Mexico and the Caribbean Sea.

The building of the road from Port-au-Prince to Cape Haitian is a monumental piece of work, but it is doubtful whether the Occupation had in mind the building of a great highway for the benefit of Haiti, or the construction of a military road which would facilitate the transportation of troops and supplies from one end of the island to the other. At any rate, the manner of building this road was one of the most brutal blunders made by the American Occupation in Haiti. It was built by forced labor. Haitian men were seized on the country roads and taken off their farms and put to work. They were kept in compounds at night and not allowed to go home. They were maltreated, beaten and terrorized. In fact, they were in the same category with the convicts in the Negro chain gangs that are used to build roads in many of our southern states. It was largely out of the methods of building this road that there arose the need for “pacification”. The Haitians rebelled. Many of them made their escape and fled to the hills and armed themselves as best they could for revenge. These refugees make up the greatest part of the “caco” forces, and it has now become the duty and sport of American marines to hunt these “cacos” with rifles and machine guns. I was seated at a table one day in company with an American captain of marines and I heard him describe a “caco” hunt. He told how they finally came upon a crowd of natives having a cock fight and how they let them have it with machine guns.

There was one accomplishment which I did expect to find. I expected to find that the Americans had at least made an attempt to develop and improve the system of public education in Haiti. This, at least, they have done in other countries where they have taken control. But I found that the American Occupation has not advanced public education in Haiti a single step. No new school buildings have been erected or new schools established. Not a single Haitian youth has been sent away for training and not a single American teacher, white or colored, has been sent to Haiti to teach.

The United States has absolutely failed in Haiti. It has failed to accomplish any results that justify its military Occupation of that country, and it has made it impossible for those results ever to be accomplished because of the distrust, bitterness and hatred which it has engendered in the Haitian people. Brutalities and atrocities on the part of American Marines have occurred with sufficient frequency to bring about deep resentment and terror on the part of the Haitian people. There have been needless killings of natives by marines. I was told that some marines had cut a notch in the stocks of their rifles for each native killed. Just before I left Port-au-Prince, an American marine caught a Haitian boy stealing sugar on the wharf, and instead of arresting him, he battered his brains out with the butt of his rifle.

I learned from the lips of American marines, themselves, of a number of cases of rape on Haitian women by marines. But, perhaps, the worst phase of American brutality in Haiti is, after all, not in the individual cases of cruelty, but in the American attitude. This attitude may be illustrated by a remark made by a marine officer at another time when I was seated at a table with some Americans. We were discussing the Haitian situation when he said, “The trouble with this business is that some of these people with a little money and education, think they are as good as we are.” The irony of his remark struck me quite forcible since I had already met a number of cultured Haitians in their homes.

The Americans have carried American prejudice to Haiti. Before their advent, there was no such thing in social circles as race prejudice. Social affairs were attended on the same footing by natives and white foreigners. The men in the American Occupation, when they first went down, also attended Haitian social affairs, but now they have set up their own social circle and established their own club to which no Haitian is invited, no matter what his social standing is. The Haitians now retaliate by never inviting Americans to their social affairs or their clubs. Of course, there are some semi-social affairs at which Haitians and Occupation officials meet, but there is a uniform rule among Haitian ladies not to dance with any American official.

A great deal of this prejudice has been brought about because the Administration has seen fit to send southern white men to Haiti. For instance, the man at the head of the customs service is a man who was formerly a parish clerk in Louisiana. The man who is second in charge of the customs service is a man who was formerly Deputy Collector of Customs at Pascagoula, Miss. The man who is Superintendent of Public Instruction was formerly a school teacher in Louisiana. It seems like a practical joke to send a man from Louisiana where they have not good schools even for white children down to Haiti to organize schools for black children. And the mere idea of white Mississippians going down to civilize Haitians and teach them law and order would be laughable except for the fact that the attempt is actually being made to put the idea into execution. These Southerners have found Haiti to be the veritable promised land of “jobs for deserving democrats”. Many of these men, both military and civilian officials, have moved their families to Haiti. In Port-au-Prince many of them live in fine villas. Many of them who could not keep a hired girl in the United States have a half-dozen servants. All of the civilian heads of departments have automobiles furnished at the expense of the Haitian Government. These automobiles seem to be used chiefly to take the women and children out for an airing each afternoon. It is interesting to see with what disdain, as they ride around, they look down upon the people who pay for the cars. It is also interesting to note that the Haitian officials and even the cabinet officers who are officially the superiors of these various heads have no cars. For example, the Louisiana superintendent has a car, but the Haitian Minister of Public Instruction has none. What the Washington Administration should have known was that in order to do anything worth while for Haiti, it was necessary to send men there who were able and willing to treat Negroes as men, and not because of their ability to speak poor French, or their knowledge of “handling niggers”.

The United States has failed in Haiti. It should get out as well and as quickly as it can and restore to the Haitian people their independence and sovereignty. The colored people of the United States should be interested in seeing that this is done, for Haiti is the one best chance that the Negro has in the world to prove that he is capable of the highest self-government. If Haiti should ultimately lose her independence, that one best chance will be lost.


James Weldon Johnson (1871-1938)

James Weldon Johnson, composer, diplomat, social critic, and civil rights activist, was born of Bahamian immigrant parents in Jacksonville, Florida on June 17, 1871. Instilled with the value of education by his father James, a waiter, and his mother Helen, a teacher, Johnson excelled at the Stanton School in Jacksonville. In 1889, he entered Atlanta University in Georgia, graduating in 1894.

In 1896, Johnson began to study law in Thomas Ledwith’s law office in Jacksonville, Florida. In 1898, Ledwith considered Johnson ready to take the Florida bar exam. After a grueling two-hour exam, Johnson was given a pass and admitted to the bar. One examiner expressed his anguish by bolting from the room and stating, “Well, I can’t forget he’s a nigger and I’ll be damned if I’ll stay here to see him admitted.” In 1898, Johnson became one of only a handful of black attorneys in the state.

Johnson, however, did not practice law. Instead, he became principal at the Stanton School in Jacksonville, where he improved the curriculum and also added the ninth and tenth grades. Johnson also started the first black newspaper, the Daily American, in Jacksonville. With his brother Rosamond, who had been trained at the New England Conservatory of Music in Massachusetts, Johnson’s interests turned to songwriting for Broadway.

Rosamond and James migrated to New York in 1902 and were soon earning over twelve thousand dollars a year by selling their songs to Broadway performers. Upon a return trip to Florida in 1900, the brothers were asked to write a celebratory song in honor of Abraham Lincoln’s birthday. The product, a poem set to music, became “Lift Every Voice and Sing,” now known as the Black National Anthem.

In 1906, Johnson became United States consul to Puerto Cabello in Venezuela. While in the foreign service, he met his future wife, Grace Nail, the daughter of influential black New York City real estate speculator, John E. Nail. The couple’s first year was spent in Corinto, Nicaragua, Johnson’s diplomatic post.

While in the diplomatic service, Johnson had begun to write his most famous literary work, The Autobiography of An Ex-Colored Man. This novel, published in 1912, became a work of note during the Harlem Renaissance of the 1920s. In 1914, Johnson became an editor for the New York Age. He soon gained notoriety when W.E.B. DuBois published Johnson’s critique of D.W. Griffith’s The Birth of a Nation in the National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) publication The Crisis. Johnson was a member of Sigma Pi Phi Fraternity and Phi Beta Sigma Fraternity.

In 1916, Johnson became Field Secretary for the NAACP and dramatically increased NAACP membership and the number of branches. In 1917, he organized the famous “Silent March” down 5th Avenue to protest racial violence and lynching. The march, which numbered approximately ten thousand participants, was the largest protest organized by African Americans to that point. Johnson’s participation in the campaign against lynching continued for the next two decades.

Although he was a nationally recognized civil rights leader, Johnson continued to write and critique poetry in a column for the New York Age. His “Poetry Corner” column, published in 1922 as The Book of American Negro Poetry, became an important contribution to the emerging Harlem Renaissance particularly because of its inclusion of Claude McKay’s “If We Must Die.” Johnson’s other Harlem Renaissance contributions included The Book of American Negro Spirituals (1925), God’s Trombones (1927), and Seven Negro Sermons in Verse (1927).

In 1930, Johnson published Black Manhattan, a Social History of Black New York, and three years later (in 1933) his autobiography, Along This Way, appeared.

Johnson resigned from the NAACP in 1930 and accepted a faculty position in creative writing and literature at Fisk University. He maintained an active life in teaching and public speaking until he died in an automobile accident on June 26, 1938, while vacationing in Wiscasset, Maine . He was 67 at the time of his death.


(1923) James Weldon Johnson, “Our Democracy and the Ballot”

Poet, novelist and U.S. diplomat, James Weldon Johnson is probably best known to millions as the author of the lyrics to “Lift Every Voice and Sing,” the black national anthem. Johnson was also a civil rights activist and was Executive Secretary of the National Association of Colored People from 1920 to 1929. As such, Johnson spoke out on a variety of issues facing African Americans. In the speech below, given at a dinner for Congressman (and future New York Mayor) Fiorello H. LaGuardia at the Hotel Pennsylvania in New York City on March 10, 1923, Johnson outlines the importance of the vote for the nation’s black citizens.

Ladies and Gentlemen: For some time since I have had growing apprehensions about any subject especially the subject of a speech that contained the word “democracy.” The word “democracy” carries so many awe inspiring implications. As the key word of the subject of an address it may be the presage of an outpour of altitudinous and platitudinous expressions regarding “the most free and glorious government of the most free and glorious people that the world has ever seen. ” On the other hand, it may hold up its sleeve if you will permit such a figure, a display of abstruse and recondite theorizations or hypotheses of democracy as a system of government. In choosing between either of these evils it is difficult to decide which is the lesser.

Indeed, the wording of my subject gave me somewhat more concern than the speech. I am not lure that it contains the slightest idea of what I shall attempt to say but if the wording of my subject is loose it only places upon me greater reason for being more specific and definite in what I shall say. This I shall endeavor to do at the same time, however, without being so, confident or so cocksure as an old preacher I used to listen to on Sundays when I taught school one summer down in the backwoods of Georgia, sometimes to my edification and often to my amazement.

On one particular Sunday, after taking a rather cryptic text, he took off his spectacles and laid them on the pulpit, closed the with a bang and said, “Brothers and sisters, this morning I intend to explain the unexplainable, to find out the indefinable, to ponder over the imponderable, and to unscrew the inscrutable.”

Our Democracy and the Ballot

It is one of the commonplaces of American thought that we a democracy based upon the free will of the governed. The popular idea of the strength of this democracy is that it is founded upon the fact that every American citizen, through the ballot, is a ruler in his own right that every citizen of age and outside of jail or the insane asylum has the undisputed right to determine through his vote by what laws he shall be governed and by whom these laws shall be enforced.

I could be cynical or flippant and illustrate in how many this popular idea is a fiction, but it is not my purpose to deal in cleverisms. I wish to bring to your attention seriously a situation, a condition, which not only runs counter to the popular conception of democracy in America but which runs counter to the fundamental law upon which that democracy rests and which, in addition, is a negation of our principles of government and a to our institutions.

Without any waste of words, I Come directly to a condition which exists in that section of our country which we call “the South,” where millions of American citizens are denied both the right to vote and the privilege of qualifying themselves to vote. I refer to the wholesale disfranchisement of Negro citizens. There is no need at this time of going minutely into the methods employed to bring about this condition or into the reasons given as justification for those methods. Neither am I called upon to give proof of my general statement that millions of Negro citizens in the South are disfranchised. It is no secret. There are the published records of state constitutional conventions in which the whole subject is set forth with brutal frankness. The purpose of these state constitutional conventions is stated over and. over again, that purpose being to exclude from the right of franchise the Negro, however literate, and to include the white man, however illiterate.

The press of the South, public men in public utterances, and representatives of those states in Congress, have not only admitted these facts but have boasted of them. And so we have it as an admitted and undisputed fact that there are upwards of four million Negroes in the South who are denied the right to vote but who in any of the great northern, mid western or western states would be allowed to vote or world at least have the privilege of qualifying themselves to vote.

Now, nothing is further from me than the intention to discuss this question either from an anti South point of view or from a pro Negro point of view. It is my intention to put it before you purely as an American question, a question in which is involved the political life of the whole country.

Let us first consider this situation as a violation, not merely a violation but a defiance, of the Constitution of the United States. The Fourteenth and Fifteenth Amendments to the Constitution taken together express so plainly that a grammar school boy can understand it that the Negro is created a citizen of the United States and that as such he is entitled to all the rights of every other citizen and that those rights, specifically among them the right to vote, shall not be denied or abridged by the United States or by any state. This is the expressed meaning of these amendments in spite of all the sophistry and fallacious pretense which have been invoked by the courts to overcome it.

There are some, perhaps even here, who feel that serious a matter to violate or defy one amendment to the Constitution than another. Such persons will have in mind the Eighteenth Amendment. This is true in a strictly legal sense but any sort of analysis will show that violation of the two Civil War Amendments strikes deeper. As important as the Eighteenth Amendment may be, it is not fundamental it contains no grant of rights to the citizen nor any requirement of service from him. It is rather a sort of welfare regulation for his personal conduct and for his general moral uplift.

But the two Civil War Amendments are grants of citizenship rights and a guarantee of protection in those rights, and therefore their observation is fundamental and vital not only to the citizen but to the integrity of the government.

We may next consider it as a question of political franchise equality between the states. We need not here go into a list of figures. A few examples will strike the difference:

In the elections of 1920 it took 82,492 votes in Mississippi to elect two senators and eight representatives. In Kansas it 570,220 votes to elect exactly the same representation. Another illustration from the statistics of the same election shows that vote in Louisiana has fifteen times the political power of one vote in Kansas.

In the Congressional elections of 1918 the total vote for the ten representatives from the State of Alabama was 62,345, while the total vote for ten representatives in Congress from Minnesota was 299,127, and the total vote in Iowa, which has ten representations was 316,377.

In the Presidential election of 1916 the states of Alabama, Arkansas, Georgia, Louisiana, Mississippi, North Carolina, South Carolina, Tennessee, Texas and Virginia cast a total vote for the Presidential candidates of 1,870,209. In Congress these states a total of 104 representatives and 126 votes in the electoral college. The State of New York alone cast a total vote for Presidential candidates of 1,706,354, a vote within 170,000 of all the votes cast by the above states, and yet New York has only 43 representatives and 45 votes in the electoral college.

What becomes of our democracy when such conditions of inequality as these can be brought about through chicanery, the open violation of the law and defiance of the Constitution ?

But the question naturally arises, What if there is violation of certain clauses of the Constitution what if there is an inequality of political power among the states? All this may be justified by necessity.

In fact, the justification is constantly offered. The justification goes back and makes a long story. It is grounded in memories of the Reconstruction period. Although most of those who were actors during that period have long since died, and although there is a new South and a new Negro, the argument is still made that the Negro is ignorant,. the Negro is illiterate, the Negro is venal, the Negro is inferior and, therefore, for the preservation of civilized government in the’ South, he must be debarred from the polls. This argument does not take into account the fact that the restrictions are not against ignorance, illiteracy and venality, because by the very practices by which intelligent, decent Negroes are debarred, ignorant and illiterate white men are included.

Is this pronounced desire on the part of the South for an enlightened franchise sincere, and what has been the result of these practices during the past forty years? What has been the effect socially intellectually and politically, on the South? In all three of these vital phases of life the South is, of all sections of the country, at the bottom. Socially, it is that section of the country where public opinion allows it to remain the only spot in the civilized world no, more than that, we may count in the blackest spots of Africa and the most unfrequented islands of the sea it is a section where public opinion allows it to remain the only spot on the earth where a human being may be publicly burned at the stake.

And what about its intellectual and political life? As to intellectual life I can do nothing better than quote from Mr. H. L. Mencken, himself a Southerner. In speaking of the intellectual life of the South, Mr. Mencken says:

“It is, indeed, amazing to contemplate so vast a vacuity. One thinks of the interstellar spaces, of the colossal reaches of the now mythical ether. One could throw into the South France, Germany and Italy, and still have room for the British Isles. And yet, for all its size and all its wealth and all the `progress’ it babbles of, it is almost as sterile, artistically, intellectually, culturally, as the Sahara Desert . . . . If the whole of the late Confederacy were to be engulfed by a tidal wave tomorrow, the effect on the civilized minority of men in the world would be but little greater than that of a flood on the Yang tse kiang. It would be impossible in all history to match so complete a drying up of a civilization. In that section there is not a single poet, not a serious historian, a creditable composer, not a critic good or bad, not a dramatist dead or alive.”

In a word, it may be said that this whole section where, at the cost of the defiance of the Constitution, the perversion of law, stultification of men’s consciousness, injustice and violence upon a weaker group, the “purity” of the ballot has been preserved and the right to vote restricted to only lineal survivors of Lothrop Stoddard ‘s mystical Nordic supermen that intellectually it is dead and politically it is rotten.

If this experiment in super democracy had resulted in one-hundredth of what was promised, there might be justification for it, but the result has been to make the South a section not only which Negroes are denied the right to vote, but one in which white men dare not express their honest political opinions. Talk about political corruption through the buying of votes, here is political corruption which makes a white man fear to express a divergent political opinion. The actual and total result of this practice has been not only the disfranchisement of the Negro but the disenfranchisement of the white man. The figures which I quoted a few moments ago prove that not only Negroes are denied the right vote but that white men fail to exercise it and the latter condition is directly dependent upon the former.

The whole condition is intolerable and should be abolished. It has failed to justify itself even upon the grounds which it claimed made it necessary. Its results and its tendencies make it more dangerous and more damaging than anything which might result from an ignorant and illiterate electorate. How this iniquity might be abolished is, however, another story.

I said that I did not intend to present this subject either anti South or pro Negro, and I repeat that I have not wished to speak with anything that approached bitterness toward the South.

Indeed, I consider the condition of the South unfortunate, more than unfortunate. The South is in a state of superstition which makes it see ghosts and bogymen, ghosts which are the creation of its own mental processes.

With a free vote in the South the specter of Negro domination would vanish into thin air. There would naturally follow a breaking up of the South into two parties. There would be political light, political discussion, the right to differences of opinion, and the Negro vote would naturally divide itself. No other procedure would be probable. The idea of a solid party, a minority party at that, is inconceivable.

But perhaps the South will not see the light. Then, I believe, in the interest of the whole country, steps should be taken to compel compliance with the Constitution, and that should be done through the enforcement of the Fourteenth Amendment, which calls for a reduction in representation in proportion to the number of citizens in any state denied the right to vote.

And now I cannot sit down after all without saying one word for the group of which I am a member.

The Negro in the matter of the ballot demands only that he should be given the right as an American citizen to vote under the. identical qualifications required of other citizens. He cares not how high those qualifications are made whether they include the ability to read and write, or the possession of five hundred dollars, or a knowledge of the Einstein Theory just so long as these qualifications are impartially demanded of white men and black men.

In this controversy over which have been waged battles of words and battles of blood, where does the Negro himself stand?

The Negro in the matter of the ballot demands only that he be given his right as an American citizen. He is justified in making this demand because of his undoubted Americanism, an Americanism which began when he first set foot on the shores of this country more than three hundred years ago, antedating even the Pilgrim Fathers an Americanism which has woven him into the woof and warp of the country and which has impelled him to play his part in every war in which the country has been engaged, from the Revolution down to the late World War.

Through his whole history in this country he has worked with patience and in spite of discouragement he has never turned his back on the light. Whatever may be his shortcomings, however slow may have been his progress, however disappointing may have been his achievements, he has never consciously sought the backward path. He has always kept his face to the light and continued to struggle forward and upward in spite of obstacles, making his humble contributions to the common prosperity and glory of our land. And it is his land. With conscious pride the Negro say:

“This land is ours by right of birth, This land is ours by right of toil We helped to turn its virgin earth, Our sweat is in its fruitful soil.

“Where once the tangled forest stood, Where flourished once rank weed and thorn, Behold the path traced, peaceful wood, The cotton white, the yellow corn.

“To gain these fruits that have been earned, To hold these fields that have been won, Our arms have strained, our backs have burned Bent bare beneath a ruthless sun.

“That banner which is now the type Of victory on field. and flood Remember, its first crimson stripe Was dyed by Attucks’ willing blood.

“And never yet has come the cry When that fair flag has been assailed For men to do, for men to die, That we have faltered or have failed.”

The Negro stands as the supreme test of the civilization. Christianity and. the common decency of the American people. It is upon the answer demanded of America today by the Negro that there depends the fulfillment or the failure of democracy in America. I believe that that answer will be the right and just answer. I believe that the spirit in which American democracy was founded though often turned aside and often thwarted can never be defeated or destroyed but that ultimately it will triumph.

If American democracy cannot stand the test of giving to any citizen who measures up to the qualifications required of others the full rights and privileges of American citizenship, then we had just as well abandon that democracy in name as in deed. If the Constitution of the United States cannot extend the arm of protection around the weakest and humblest of American citizens as around the strongest and proudest, then it is not worth the paper it is written on.


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